Regularmente tengo ataques. Suelen ser ataques de tristeza, pero también tengo ataques de vergüenza y de moral. Es cierto que los de tristeza son más recurrentes, ocurren una vez al mes aunque hay meses que que los ataques se reproducen. Vienen cuando menos lo esperas, por algún clic en mi cerebro que hace activarse el mecanismo; este clic suele ser generado pequeños detalles que son sin importancia para la mayor parte de laa gente, y también se genera sin venir a cuento. Últimamente he pasado por varios de estos episodios, y de hecho paso por uno. Se ha generado por situaciones anómalas, aunque deseadas, pero no por deseadas dejan de entristecerme. El que paso, además, viene recubierto de una capa de ira o rabia que me hace ser más repulsivo. Menos mal que he encontrado alguna válvula de escape que me permite, en momentos como este, vivir en sociedad...
En fin, imagino que no debo explicar cómo es un ataque de tristeza, porque todos en uno u otro momento hemos pasado alguno. Lo importante de la situación es que, quizá por primera vez, esa tristeza la estoy viendo un poco alejada de mí, es decir, los que me conocéis sabéis de mi tristeza innata, de mi capacidad de desilusión, de mi vida junto a ella, esta vez esa trsiteza no la siento mía, de dentro, sinó impuesta. No sé, quizá sean paranoias mías y ya esté desvariando demasiado. Dejémoslo por hoy, que estoy cansado.