martes, junio 06, 2006

Un sofá hambriento

- Ralph.
...
- Ralph - repitió con un aire aniñado.
- Qué quieres.
-... enséñame el camino.
- De qué cojones me hablas? - inquirió Ralph.
- Quiero que me enseñes el camino - repitio Sabine.
- Pero qué camino quieres que te enseñe? Yo no puedo enseñarte nada, nada... no conozco ningún camino mas que el de la autodestrucción.
- Ese camino...
- Pero... pe...
- Quiero amar las cosas como las amas tú, odiar como odias tú, vivir la vida, todo, como tú - contiuó Sabine.
- No sabes lo que dices... tú no quieres ser como yo, tu quieres ser yo y eso no puede ser. Yo soy así porque he vivido mi vida, me han puteado, he amado, he caminado yo solo, sin nadie, y respondo ante todo de la manera que he aprendido. Tu debes buscar tu camino, no seguir el mío.
- Pero si camino en otra dirección?
- Deberías saber que no hay ninguna dirección correcta, ni incorrecta, cada cual es como es con sus virtudes y defectos, con lo que ha aprendido. Yo no te puedo enseñar a ser como yo, no sería justo que crecieses con mis mismos odios, mis racanerias y mis ganas de morir. No podría verte maldiciendo a la gente como hago yo, o contando las horas que quedan para irte a dormir. Eso no es bueno para ti.
- Entonces...
- Entonces nada, está claro que yo no soy un espejo, ni quiero serlo, que yo no soporte a la gente no significa que no pueda creer que pueda haber gente distinta.
- Yo puedo ser distinta.
- De acuerdo, puedes serlo -Ralph se levantó en dirección a la cocina, seguía hablando ahora en voz alta - pero yo no quiero descubrirlo - ha cogido una cerveza y vuelve al sofa - no es nada personal, simplemente no quiero saber si puedo tener fe en la humanidad, prefiero tener mis motivos para apartarme de todo el mundo.
- Eres un imbécil, sólo te estás autoengañando. Tienes miedo a relacionarte con la gente porque temes ser como todos ellos, te crees un ser superior y eres sólo un gilipollas que no sabe ser feliz.
- En efecto, y en eso te quieres convertir? - Ralph puso recta su espalda, mostrando pecho, como un gallito de pelea que se sabe fuerte.
- No, no es ese el camino que quiero que me enseñes. - Sabine se acomodo mejor el sillón, resguardando sus pies bajo el culo, mientras encendía un cigarrillo. - Yo quiero que me lleves de visita por los espacios escondidos de tu mente, esos que no dejas que nadie visite, donde guardas ts mejores ideas, tu imaginación, la creatividad, quiero que me muestres cómo disfrutas al piano, cuando tocas aquellas notas que a nadie se le podría ocurrir tocar, quiero que me muestres esa pizca de amor que aún guardas por ahí dentro, la rabia, la mejor forma de mentir, tu compasión...
Ralph se dejó caer dentro del sofá, como queriendo que la boca inmensa que a veces había imaginado que habitaba dentro de su sofa se abriese y le tragase por completo. Ese sermón, pensó, si viniese de otra persona y, quizá, en otro momento de su vida, podría interpretarse como una declaración. En ese momento, y viniendo de Sabine, Ralph sólo podía pensar en la boca inmensa debajo de su sofá, dispuesta a engullirle por completo.