La luz

Una vez soñé. Era un sueño diferente ya que era feliz y nunca hubiese querido despertar. En él yo no caminaba, volaba sin esfuerzo alguno a diez centimetros del suelo, sin ningún temor a caer o hacerme daño ya que me sentía protegido, algo me envolvía: la luz. En aquél sueño yo había alcanzado la luz, pero no era cegadora ni esa luz del final del túnel de la que hablan los que han estado a punto de morir, era una luz muy agradable. No era el sol, era luz blanca, y se posaba sobre mi mano acariciando mis dedos. Con ella yo me sentía invulnerable, intrépido... un héroe.
Pero desperté, aún no sé cómo. Hubiese querido quedarme en ese sueño, en coma si hiciese falta, porque retornar a este mundo me ha devuelto la desconfianza y la frustración, el miedo y la desesperanza. Sé que esa luz existe en algún lugar, que debe existir, porque sé que en algún momento se posó realmente sobre mi mano, pero ahora el miedo es más fuerte que la ilusión y las esposas me atan más fuerte de lo que nunca lo hicieron las ganas de vivir.

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