martes, junio 07, 2005

La boda de una buena amiga

Romina se casa. Acabo de recibir su invitación a la boda, desde Chicago, y casi se me han escapado las lágrimas, me ha hecho una ilusión tremenda. Saber que incluso en la lejanía se acuerda de mí me hace pensar lo mal amigo que soy al no poder asistir a su boda, aunque me encantaría. Me ha hecho pensar lo abandonados que tengo a mis amigos, amigos que lo son y buenos y que debería recuperar, aunque no sé bien cómo. En fin, hablaba yo de Romina y su boda. Jamás hubiese pensado que se casaría. Esa chica con la que pasaba horas y horas delante de una Quilmes contándonos nuestras penas, disfrutando mutuamente de la compañía; las charlas en su casa junto a Olaf (las tajas y lloreras abrazado al water prefiero olvidarlas, jeje). Muchas veces he echado de menos esos tiempos pero ya me he acostumbrado a su lejanía, para qué negarlo. Empieza ahora su nueva vida junto a un tío de puta madre que la va a tratar como se merece y con el que va a buscar esa felicidad que ambos creíamos utópica pero que ambos creemos ahora al menos 'digna' para ser luchada... cómo cambian las cosas. Me alegro muchísimo por ella, por los dos, que la suerte esté siempre de vuestro lado. Y gracias por acordaros de mí.